Siguiendo con el
placer de leer un buen libro, el autor de la presente columna, se encontró con
una obra de Mario Mendoza; combina el drama, la realidad y que deja una gran
moraleja (según su punto de vista): por más dinero que tenga en los bolsillos,
el crimen no paga la felicidad. El libro se llama “LA HORA DE LOS LOBOS”,
donde se descubre que para la delincuencia no hay ningún punto en la sociedad
que pueda permear; su habilidad, cinismo y métodos le permite tenerla cohibida
y trabajando en conjunto para imponer la cultura del “Todo Vale”, y más cuando se
está en un estrato bajo, donde el Estado no ha brindado las oportunidades
suficientes para salir en la vida, donde las injusticias se ven en la calle
diariamente, el pesimismo frente al futuro impera en todas partes. La historia
se desarrolla entre finales del siglo XX y el comienzo del fin de la cuarentena
por la pandemia de covid19, y el protagonista de este libro es Bruno Guerrero,
quien desde la infancia conoce las crueldades de la vida, y que lo llevan a
meterse en el mundo del microtráfico y la delincuencia en esa Bogotá; que sube
de jerarquía gracias a su inteligencia y sus habilidades en las Artes Marciales
Orientales, no solo a nivel deportivo, sino como una filosofía para la Vida.
Esta historia se
divide en tres partes: la primera se llama INFIERNO. Se escribe en primera
persona (Bruno es quien la redacta), donde se describe la situación de la
familia; es hijo único de un Empleado de una Fábrica Cervecera, quien lidera
una huelga en la misma para exigir mejores condiciones laborales, pero es
asesinado el dos de diciembre de 1999 cuando llega a su casa. Su madre, es una
mujer en silla de ruedas, producto de un accidente laboral en un almacén de
ropas donde laboraba (cuando Bruno tenía cinco años), pero no recibe
indemnización por el insuceso, ella muere de cáncer de pulmón en la
adolescencia del protagonista; debe ponerse a coser en su máquina para los
religiosos del colegio donde su hijo estudia. Bruno se ve en la necesidad de
empezar a trabajar con amigos no recomendados, primero como simple mensajero;
pero cuando va creciendo y con sus conocimientos de artes marciales, va
ascendiendo hasta ser un mando medio en el grupo ilegal que se encarga del
microtráfico en el Centro de Bogotá. Pero los golpes de sus rivales (los
Ninjas) y la posterior venganza de Bruno lo conducirán a la Cárcel La Picota,
donde tendrá grandes aliados pero también enemigos.
La segunda parte es
“El Purgatorio”: un Bruno adulto en prisión, se hará amigo de un
narcotraficante apodado “Atila”, y junto con su pana “Moisés” (cuando estaba en
el centro de la ciudad), idearán un Plan de Fuga luego de que sus vidas
estuviesen en peligro (no solo por los Ninjas, sino por unos militares y
políticos que tienen en la mira a Atila). El 24 de septiembre de 2015, el
Día de la Virgen de las Mercedes (patrona de las cárceles), a pesar de muchas
talanqueras y muchas traiciones, la fuga es un éxito y los tres logran
refugiarse momentáneamente en la antigua casa de Bruno (Barrio Marruecos, cerca
a la Picota). Allí son rescatados por el Grupo de Seguridad de Atila (ahora
comandados por su hija, Zafiro); y se dirigen a una hacienda en la zona rural
de Subachoque (Cundinamarca). Después Bruno y Moisés huyen a Quito gracias a
los contactos de Zafiro, Bruno regresa un tiempo después a Bogotá (Moisés viaja
a radicarse a Rio de Janeiro, para trabajar en la Congregación Saudade, cuyo
Jefe (el Pastor Ferreira) es conocido de la Picota); empieza a trabajar como la
mano derecha de Zafiro (Atila muere de cáncer en el pulmón, igual que Yordana,
la madre del protagonista).
La tercera y última
parte tiene el nombre de “Camino al Cielo”. Comienza con el romance (a
trancazos) entre Zafiro y Bruno; así como el ascenso de éste a ser el “Segundo
de la Banda”, y tras dar golpes contra los Ninjas, los hacen sus mayores
aliados a la hora de hacer trabajos, con grandes ganancias, que no pagan
impuestos para este País Inviable. Bruno tiene sus puntos débiles (mujeres
hermosas, y eso que antes que Zafiro tuvo dos amores: Salomé (chica trans y
compañera del colegio) y Mara, hermana de Moisés). Cuando la felicidad
parece rodear a Zafiro y Bruno, a pesar de tener que vivir con los ojos
abiertos debido a que los antiguos enemigos de Atila querían acabarlos,
añadiendo el hecho de que Zafiro estuvo muy enferma de coronavirus, les viene
una maravillosa noticia: tendrán una hija a quien le pondrían Bruna. Pero viene
la traición de uno de sus hombres de confianza, alias Botija, quien se
convierte en el infiltrado de esos enemigos, haciendo un plan de emboscada
contra Bruno cuando se dirigía a un laboratorio clandestino en Quipile
(Cundinamarca), y mientras trata de superar este problema, se presenta un
tiroteo en la finca en Subachoque (Cundinamarca), donde mueren Zafiro y la niña
en su vientre. Bruno toma venganza y viaja a Rio donde en la Congregación
Saudade, en un discurso del fondo de su alma, pronuncia, entre otras cosas, las
siguientes palabras: “Han mantenido las puertas del Reino cerradas con
llave para nosotros. Pues entonces nos llegó el momento de abrirlas a las malas.
¡Entraremos al cielo a dentelladas!”.