La llegada de
Gustavo Francisco Petro Urrego a la Presidencia de Colombia, así como el
Trayecto General de su Carrera Política, sin armas y en los debates, se ha
dado gracias a un Proceso de Paz que se firmó en 1990 entre el Estado
Colombiano (en cabeza del Presidente Virgilio Barco Vargas) y la antigua
Guerrilla del M19 (en cabeza de Carlos Pizarro Leongomez), con un indulto a
todos los delitos (en un Proyecto Legislativo cuyo ponente principal fue el
Senador Álvaro Uribe Vélez). Y pese al asesinato de Pizarro cuando se
disponía a participar en la contienda electoral del mismo año, el proceso
siguió adelante, dando su primer resultado con los 700 mil votos que tuvo el
Candidato Presidencial, Antonio Navarro Wolf en dicha campaña electoral
(reemplazando al finado anteriormente mencionado). Luego, se dio la Asamblea
Nacional Constituyente que redactó la Constitución Nacional de la República de
Colombia en 1991, que ha tenido la mayoría de sus efectos positivos, luego no
se justificaría otra Asamblea de este rango, y mucho menos la razón que esbozan
sus promotores (el mismo Petro y el Ministro del Interior o Presidente de
Facto, Armando Benedetti), solo porque la democracia no permite abusos de
indultos ni de amnistías. ¿Por qué tanto silencio del candidato oficialista,
Iván Cepeda?
Frente a este
proceso de paz, en el libro “De la Insurgencia a la Democracia” (2009), Otty
Patiño y Vera Grabe, antiguos integrantes del desaparecido M19 y hoy en día,
miembros de este Gobierno (actualmente sus líderes se encuentran perdidos en la
Etnia Cósmica), describen con estas palabras dicho acontecimiento: «Fuimos la primera organización
insurgente que descubrió que la paz podía ser un elemento transformador porque,
durante los últimos 50 años, la violencia en Colombia se había ligado con el
poder y se ejercía para mantenerlo, conseguirlo o ejercerlo. La clase dirigente
colombiana supo que mantener esa violencia podía ser la mejor manera de impedir
las transformaciones sociales y políticas que necesitaba el país. En ese
contexto, el M-19 se da cuenta de que la paz es una gran posibilidad para
abrirles espacio a esos cambios».
Todo esto suena muy bonito y que este proceso, al igual que el que se lleva
a cabo actualmente con la antigua guerrilla de las Farc (el Acuerdo de Verdad),
deben seguir su curso y seguir cosechando resultados democráticos; pero, el
gobierno actual (de antiguos integrantes del grupo insurgente del robo a la
espada de Bolivar, el secuestro y muerte de José Raquel Mercado, la toma de la
Embajada Dominicana, y la catástrofe en el Palacio de Justicia), creen que si
no les obedecen sus absurdas órdenes, deberán empuñarse de nuevo las armas.
Cuando Gustavo Petro fue destituido de
la Alcaldía Mayor de Bogotá a finales de 2013, emprendió una perorata para que
lo reestableciesen en el Palacio Liévano, de lo contrario, habría un estallido
violento y el correspondiente saboteo a los Diálogos de Paz que recién
comenzaban en La Habana (Cuba), entre el Estado Colombiano (bajo el mando de
Juan Manuel Santos y Humberto de la Calle, como cabeza principal de esta
delegación, y la antigua guerrilla de las Farc, con Iván Márquez, su cabeza
principal y hoy un decrépito disidente – traidor). Las cosas se dieron para
que Gustavo Francisco continuase en la Alcaldía, pero que le siguiese haciendo
el feo al trabajo que se venía desarrollando en territorio cubano; incluso, no
le hizo campaña al “Sí a la Paz”, para el Plebiscito del dos de octubre de
2016, más allá de si era o no necesario este mecanismo democrático, quedó
demostrado el carácter no pacifista del político oriundo de Ciénaga de Oro
(Córdoba). Pero lo que se vendría desde el siete de agosto de 2022, cuando
el mismo señor llegó a la Casa de Nariño es muy lamentable; primero mandó traer
a las malas a la Plaza de Bolivar en plena posesión presidencial, la espada de
Bolívar.
Se ha propuesto disfrazar su adversidad
a la Convivencia Ciudadana Tranquila en una mentira llamada “Paz Total”, a la
cual los grupos ilegales no le copian, incluso se burlan de la misma, como
quedó demostrado con alias Iván Mordisco y alias Calarcá, cabecillas de los
bandidos del EMC y Segunda Marquetalia; eso sí, se debe aclarar que Iván
Mordisco nunca se acogió al Acuerdo de Paz y alias Calarcá siguió órdenes de
Iván Marquez (¿también de Nicolás Maduro y cía?), de regresar al mundo del
hampa en 2019 (gobierno de Iván Duque, quien también está contra el Acuerdo de
Paz). Y para colmo de males, el Desgobierno de la Etnia Cósmica los
considera como unos simples “Gestores de Paz”, designación que sirve para
ocultar la simpatía de unos antiguos integrantes del M19 por la Guerra (ya que
al igual que el extremismo uribista, la consideran un negocio); y permanecen
indiferentes (o medio contentos) con la espiral de violencia que está reinando
en el país, y más ahora, en vísperas de elecciones presidenciales.