Definitivamente, la
contienda electoral en Colombia se convirtió en una cloaca que a toda hora
emana olores de intolerancia y agresión, donde se presume que el más vivo
puede superar al más bobo hasta que el último da un golpe de astucia, no
solo por la participación descarada y cínica de Gustavo Francisco Petro Urrego
y sus subordinados del Desgobierno de la Etnia Cósmica, también por la paranoia
que está tratando de levantar la mal llamada oposición bajo disculpas
ultrarreligiosas y que creen que puede contar con la bendición de Donal
Trumpilio (¿será que la mantiene apenas Alex Saab prenda el ventilador?).
Resultaron decepcionantes los nombres de Iván Cepeda Castro y Abelardo de la
Espriella Otero, puesto que solo se han dedicado a ufanarse de sus falsas dotes
físicas e intelectuales, así como incitar a la violencia verbal y física entre
sus bodegas. Ni modo de hablar de sus respectivas fórmulas vicepresidenciales;
Aida Quilcué (Líder Indígena, quien ha padecido personalmente la violencia en
Colombia), quien se ha esmerado por estigmatizar a todos quienes han estudiado
en centros universitarios privados (acusándolos de ser ladrones y corruptos); y
José Manuel Restrepo (Economista, Exministro de Comercio Exterior y de
Hacienda), quien ha hecho un lamentable papel de populista en unos videos que
circulan por ahí.
Para
analizar mejor porque el Voto en Blanco 2026 es la mejor opción para la segunda
vuelta presidencial el próximo 21 de junio, hay que tener en cuenta los
siguientes aspectos: Primero, Iván Cepeda Castro, Candidato Oficial del Pacto
Histórico y del Desgobierno de la Etnia Cósmica. Tuvo un destacado papel en los
Diálogos de Paz entre el Gobierno Nacional (en cabeza de Juan Manuel Santos) y
la antigua guerrilla de las Farc (en cabeza de Rodrigo Londoño Jiménez, alias
Timochenko). También se debe tener en cuenta que es hijo de uno de los
Líderes más importantes que tuvo la Unión Patriótica, Manuel Cepeda Vargas,
asesinado en el marco del conflicto interno colombiano en agosto de 1994. Pero
esa visión que tiene de que para obtener la Paz es necesario ceder en todo ante
los grupos ilegales con ideología de izquierda, no lo hace alguien de confiar
para ocupar el máximo cargo en Colombia a partir del siete de agosto próximo. Su
enfoque de izquierda le ha hecho perder mucho apoyo en el sector de centro,
solo se ha centrado en mantener sus bases, además de que las hojas de papel que
lee en sus discursos y sus negativas a los debates, lo han dejado muy relegado,
después de la primera vuelta electoral.
Segundo, el otro
contendiente y favorito hoy en día para ganar la segunda vuelta, es el Polémico
Abogado Abelardo de la Espriella Otero, apoyado por la derecha y un grueso
ultrarreligioso, que piensan en Macondo como el Estado número 51 de la
Confederación Norteamericana, es muy común verlos con las cachuchas rojas de
MAGA de Trumpilio. Abelardo es un pispirispis quien se cree la última Coca
cola del desierto, dice no tener nada en las nalgas pero presume de un falso
bulto por delante, además de no tener mucho de pensamiento y conciencia. Ni
hablar de sus trabajos como Abogado Litigante; representante de parapolíticos y
líderes armados de la ultraderecha, así como ciertos amigos cercanos a los
Exdictadores Hugo Chavez Frías y Nicolás Maduro Moros. Si por Abelardito
fuera, haría un reality para mostrarse como un falso Mesías, aparece bien
vestidito y maquilladito (para que no se note que es igual de culibajito a
Álvaro Uribe Vélez); promete reducir el Estado Colombiano hasta en un 40% (en
términos sencillos, equivaldría a la Asamblea Constituyente que promueven Petro
y Cepeda). Quiere echarle bala a todo el mundo e inundar al país de glifosato,
viejas tácticas que han llevado al país al fracaso en materia de seguridad.
¿Consecuencias de
este boroló? Cero debates políticos, incidentes graves entre cepedistas y
abelardistas, no se conocen sus propuestas para sacar al país de esta espiral
descendente y de caos, tan solo dicen que les den el voto para evitar que su
rival (a quien pintan como el “Putas” (Satanás) de la Corrupción) llegue a
dirigir este país enfermo y debilitado. Y lo más importante; el autor de la
presente columna se niega a creer que el centro no tenga chance de llegar algún
día a la Casa de Nariño (lo más cercano fueron los ocho años de Juan Manuel
Santos): se han visto avances a nivel regional, como Antanas Mockus, Lucho
Garzón y Claudia López (Alcaldía Mayor de Bogotá), Maurice Armitage y Alejandro
Eder (Alcaldía de Cali), Gustavo Álvarez Gardeazabal (Alcaldía de Tuluá y
Gobernación del Valle), Judith Pinedo (Alcaldía de Cartagena), Floro Tunubalá
(Gobernación del Cauca); quizás no le toque en vida, pero está seguro de que el
turno del centro llegará tarde o temprano. Por lo anterior, la decisión
sensata y bien tomada es la del Voto en Blanco 2026, porque no se puede hacer
alianzas con el Ébola para combatir el Covid, ¿cierto?