Ni siquiera había
pasado el primer mes del presente año, cuando ya se producía la primera
afectación del Medio Ambiente y del Desarrollo Sostenible en Colombia, y la
correspondiente sanción: la tala ilegal de bosque en la Reserva Thomas Van
der Hammen, en la Sabana de Bogotá, para construir unas canchas de futbol, no
hay derecho. El área destruida es de 7500 metros cuadrados, más grandes que
el mismo “Estadio El Campín” de Bogotá, una superficie muy grande y que aún no
se sabe que efectos (incluso, si son irreversibles o no) podrán tener en el
entorno de una zona que debería estar protegida, tanto por los gobiernos
nacional y locales (Colombia, Cundinamarca y Bogotá). El asunto estaba pasando
de agache en finales de año, coincidiendo con el ambiente festivo y de poco
trabajo que se estaba viviendo en el momento, pero que llegó un momento en que
ya no se podía ocultar, sobre todo, por la gran cantidad de gente que se iba
para la zona, supuestamente a practicar deportes y generar contaminación en la
Reserva Ambiental. Mejor dicho, la Conciencia Ambiental está aún lejos de
progresar en uno de los países más biodiversos del Mundo, siendo razón
suficiente para estar más rápidos a la hora de tomar medidas para la protección
de los Ecosistemas.
Como se puede leer
en el siguiente párrafo de la página web oficial de la Corporación Autónoma
Regional de Cundinamarca (CAR): “Después de la evaluación y documentación de las
afectaciones, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) impuso, por un lado, cinco medidas
preventivas a actividades que impliquen o puedan generar afluencia masiva de
personas en el lugar, y resultaron en la suspensión inmediata de las
actividades de tres establecimientos que se dedican a la prestación de servicios
deportivos. Por otro lado, impuso otras dos medidas más en terrenos en donde se
evidenció, en flagrancia, la afectación ambiental en la que se utilizó
maquinaria pesada para rellenar y nivelar el terreno, y posteriormente
construir canchas de fútbol. En una zona de aproximadamente 7.500 metros
cuadrados del predio había tres máquinas amarillas extrayendo bloques de césped
para la instalación de la grama artificial”. A juzgar por lo anterior, se tenía en mente un
proyecto muy grande, y la destrucción ambiental iba a ser mayor de que lo que
se descubrió, luego, faltó mano fuerte de las autoridades ambientales
correspondientes en materia de prevención, y existe la preocupación de que no
se esté preparado como requiere una posible retaliación jurídica de quienes
talaban el bosque.
Preocupa eso sí, el silencio de los
gobiernos nacional y locales, frente al tema, ni el Presidente Gustavo Petro (¿no
le daría permiso el Presidente de Facto, Armando Benedetti?), ni el Alcalde
Mayor de Bogotá (Carlos Fernando Galán, ¿peñalosismo?), ni el Gobernador de
Cundinamarca (Jorge Emilio Rey, ¿las tierras?) han hecho mayores
manifestaciones sobre un tema tan grave, puesto que se está afectando la
calidad del aire, la flora y la fauna de una zona donde viven alrededor de diez
millones de personas. Lamentable que en pleno siglo XXI, el Medio Ambiente y el
Desarrollo Sostenible se consideren aún un asunto de quinta categoría, y se
quiera imponer a las buenas o a las malas lo demás, incluyendo, exterminio de
especies de flora y fauna, “ya que es los efectos son tibios, como dirían por
ahí ciertos insectos de la politiquería”, y como las plantas y los animales
permanecen neutros frente a las posiciones políticas, se supone que no debería
existir, que el cemento debe reinar sobre todo el planeta, y que el color verde
no debería dominar el panorama, “ya que no es un color primario”, dicen los
enemigos de la fauna y la flora.
De la Reserva Thomas Van der Hammen se
viene hablando desde hace más de diez años, como se puede leer en el siguiente
párrafo de la columna “Thomas Van der Hammen” (02/07/2014): “Pero todo lo sostenible en esta sabana ha estado en
la mira política y militar de la corrupción, quienes consideran a lo verde como
refugio de terroristas, marginados y quienes según las doctrinas ortodoxas, no
tienen derecho a vivir en sociedad (como si todavía creyesen que la
constitución de 1886 existiese), esta reserva al igual que las que hay como
Jaboque, Córdoba, los Cerros Orientales, Sumapaz; han sido enjuiciadas sin
garantías, tanto por agentes legales como ilegales (Farc, ELN, AUC, Bacrimes) y
condenadas al maltrato y ostracismo, a punto que se pueden considerar en
peligro de extinción, sino se implantan acciones serias para su conservación,
que las futuras generaciones sigan disfrutando de su magia y de su encanto”. Basta recordar que Thomas Van der Hammen fue
un Ambientalista Suizo que vivió gran parte de su vida en Colombia, trabajando
por el Medio Ambiente y el Desarrollo Sostenible, principalmente en
inmediaciones de la Sabana de Bogotá, y que se creó y legó una zona del Norte
de la Sabana como Reserva Ambiental, como un homenaje a la labor que hizo.