Sin lugar a dudas,
la lectura libre y sin presiones es uno de los mayores placeres de la vida,
sobre todo si ya está próximo a la tercera edad. No existe la obligatoriedad
escolar de leer un libro, con evaluaciones donde no se tenía en cuenta la
moraleja que enseñaba, sino aprendérselo de memoria, sin chistar ni preguntar. Es
un relax tener mínimo durante media hora un libro en la mano y darle una
lectura para ir entrando en su trama, imaginarse que uno se encuentra
involucrado tanto física como mentalmente en la aventura propuesta, recorrer en
la cabeza todos los lugares y circunstancias mencionados en el mismo. Pero lo
que se acabó de leer es uno de los libros más importantes de la humanidad, en
inicios del presente siglo, así se base sobre sucesos ocurridos en el anterior.
No solo recrea la literatura, es un testimonio de vida, historia, hechos
políticos, la vida en un lugar muy lejano para Colombia, así esté igual de
distante a Europa, pero que por la relevancia de los hechos que ocurrieron,
podrían tener una similitud a lo que ha tenido que padecer este país de Gabo; el
objetivo se llama “El Largo Camino hacia la Libertad”, escrita por Nelson
Mandela, basada en su autobiografía, desde que nació hasta el día en que asumió
la presidencia de Sudáfrica.
Nelson Mandela,
cuyo nombre original era Rolihlahla, quien nació el 18 de julio de 1918 en
Mvezo, una pequeña aldea situada a orillas del río Mbashe, distrito de Umtata,
capital de Transkei, una de las ciudades más importantes de Sudáfrica, en ese
entonces miembro del Commonwealth. Si bien perdió a su padre cuando era apenas un niño, fue criado por un tío
suyo como si lo fuese, dándole los estudios colegiales y universitarios.
Proveniente de la tribu Xhoxha, tuvo que pasar por varios ritos propios de sus
antecesores, como la circuncisión y la preparación para ser un Consejero del
Jefe de dicha tribu. Para la muestra, se presenta el siguiente párrafo del
primer capítulo: “Yo no creo que los nombres predeterminen el destino, ni
que mi padre adivinara de algún modo cual iba a ser mi futuro, pero en años
posteriores, tanto mis amigos como mis parientes llegaron a atribuir ese nombre
a las muchas tempestades que he causado, y a las que he sobrevivido”. Rebelde
con causa, porque para esa época, ya se vivía ese Apartheid (aunque no
estuviera legalizado) de los blancos afrikáners hacia los indios, mestizos y
negros.
Luego de que
empezase sus estudios de Derecho y Abogacía, y se fugase de la aldea de su tío
quien lo crió (junto con su primo mayor), para evitar ser casado sin quererlo,
tuvo que vivir en Johannesburgo, donde pudo ejercer durante un buen tiempo su
profesión, haciendo todo tipo de pasantías. Incluso, se casó en primeras
nupcias con Evelyn y después con Winnie, teniendo seis hijos, de los cuales al
momento de escribir el libro, ya habían muerto dos. Y producto de su profesión,
fue conociendo gente que pertenecía a un grupo llamado Congreso Nacional
Africano (CNA), que lo llevaron a entablar primero una lucha pacífica contra
las injusticias que se vivían a diario, como después a la lucha armada y
clandestina. Para la muestra, el siguiente párrafo: “No solo no fui
reconocido. A veces incluso, sufrí desaires. En una ocasión en que iba a
asistir a una reunión en una zona apartada de Johannesburgo, un sacerdote muy
conocido que había dispuesto unos amigos suyos me alojaran durante toda una
noche. Llegué a la casa y antes de que pudiera explicar quien era, la señora
que me había abierto la puerta exclamó: “¡No, no queremos gente como usted
aquí!”. Y cerró de un portazo”. No solo recibió humillaciones por el
gobierno blanco de su tierra, también de muchos de quienes quería defender;
nada es fácil en esta vida.
Después de viajar
clandestinamente por varias naciones de África en los sesentas, cuando empezó
la independencia de varios territorios de la colonización europea, y llegar
hasta Reino Unido (cuando la Sudáfrica del apartheid y de los buenos muchachos
del National Party (partido de gobierno), se independizaron para endurecer su
dictadura contra las demás razas que cohabitaban allá), fue detenido y en el
polémico “Juicio de Rivonia”, fue condenado a cadena perpetua, junto con otros
compañeros de lucha. Primero pasó diez y ocho años en la tenebrosa prisión de
la Isla de Robben, luego fue conducido al continente, primero en cercanías a
Ciudad del Cabo y luego a Pretoria. Finalmente fue liberado el 11 de febrero de
1990, para comenzar unos diálogos muy difíciles con el Gobierno de su país,
encabezado por el ultraderechista Frederick de Clerk; se demoraron cuatro años
en dar resultados (con momentos muy tensos y de suspensiones, así como la ola
de violencia que se vivía en ese entonces), pero al final hubo resultados; la
convocatoria a una Asamblea Constituyente en 1994, de donde emergió Nelson
Mandela (Premio Nobel de Paz 1993) como Presidente Constitucional y Jefe de la
misma: luego surgió una Constitución igualitaria para todos, sin importar la
raza, religión, sexo, edad que ha hecho de ese país una de las naciones
referentes para el mundo. “Pero solo puedo descansar un instante, ya que
la libertad trae consigo responsabilidades y no me atrevo a quedarme rezagado.
Mi largo camino no ha terminado”. Cumplió su misión hasta el cinco de
diciembre de 2013, cuando se fue de este mundo.