En estos días se
sigue comentando la ilegal invasión militar de EEUU a Venezuela con el fin de
capturar (con la ayuda de ciertos miembros del régimen chavista) a Nicolás
Maduro y Cilia Flórez. Si bien es cierto que Maduro estaba en el poder de forma
fraudulenta y que la corrupción es visible a todo el mundo; lo que no se debe
admitir es la política de garrote de Donald Trump, al estilo de Joseph Stalin
y/o Adolfo Hitler, donde los más pobres ni siquiera tienen derecho a respirar. Claro
que el régimen chavista es un encarte para Colombia, que tiene permeada con su
hampa toda la sociedad colombiana y su clase política; pero no se puede
tener un conflicto al lado de los ríos Táchira y Orinoco, y mucho menos
complicando la difícil situación de orden público en el Catatumbo y Arauca, y
lo más importante, cuando hay tensiones entre Petro y Trump, así la reunión en
la Casa Blanca del pasado tres de febrero haya medio calmado los ánimos. Pero
como el narcotráfico es un de los eje principales de Mr. Trump (el Discriminador),
se ha dedicado a hacerle la vida
imposible a los extranjeros más pobres en toda la Unión Americana, bajo un
falso lema de que ocasionan problemas de inseguridad y desempleo, cuando la
mayor potencia del mundo se hizo con base en la Inmigración en el Siglo XVIII.
Pero en Colombia
existen voces de ultraderecha que aplauden esta barbaridad, que en su mayoría
se encuentran en las siguientes campañas presidenciales: Abelardo de la
Espriella, Paloma Valencia, Vicky Dávila y Juan Carlos Pinzón, se necesita
tener unos conceptos claros de que lo que ocurrió en Venezuela, podría pasar
exactamente en Colombia, dejando al país más humillado de lo que quedó con la
separación de Panamá (gracias a los delirios de Theodore Rooselvelt,
expresidente gringo), y con una triste huella sobre la conciencia de todos los
habitantes de Macondo. Habrán quienes dicen que es solo una imaginación,
pero como con el Magnate de Mar-a-Lago, no se tiene un patrón de comportamiento
definido y se encuentra en un Ego de Salvador del Mundo y el Gran Mesías (al
igual que Uribe y Petro), y quiere renarcotizar las relaciones diplomáticas
Colombia – EEUU, incluso con ciertas operaciones cercanas en aguas
internacionales (destrucción de lanchas supuestamente al servicio de ilegales,
con cientos de muertos), es mejor estar preparados para los problemas que
pueden traer estas arbitrariedades de Donald y Compañía. No es cuestión de
patrioterismo, es no apoyar las intromisiones absurdas, como la que hubo en
Ecuador en 2008 para dar de baja a alias “Raúl Reyes”.
El ejemplo más
emblemático de esta problemática es la costa pacífica, con las Islas de Malpelo
y Gorgona, que son actualmente Parques Nacionales Naturales. En la columna “Cuidado
con Gorgona” (22/11/2023), se lee el siguiente párrafo: “La pasividad de este gobierno
(gobiernillo) frente al tema es tan lamentable, que parecería negar la
existencia de la Isla, ni pensar lo que podría pasar con la isla de Malpelo,
también en el Océano Pacífico, en cuya costa colombiana, este Gobierno de la
Potencia de la Vida, sacó un buen caudal de votos en las elecciones
presidenciales del año pasado, pero
que solo aplica la retórica de que saben de estos temas, pero que no aplican ni
fu ni fa”. Basta con
recordar que para la fecha en mención, ya estaba en la Casa de Nariño el
Gobierno que esparciría el Virus de la Vida en la Etnia Cósmica, que se
preocuparía a toda hora por el Medio Ambiente, el Desarrollo Sostenible y el
Cambio Climático. ¿Qué ha pasado desde entonces? El asunto del Radar gringo en
Gorgona sigue latente, y parece que no se hace eco de los Efectos
Antiambientales que podría conllevar, y en Malpelo, tierra de ausencia estatal,
siguen las operaciones de la milicia gringa.
En el Archipiélago de San Andrés, donde
pueden haber reservas de petróleo (uno de los manjares favoritos de Trump),
aunque la exploración no sería lo más rentable económica y técnicamente, se
podría pensar también en ciertas operaciones gringas en la zona bajo la
disculpa del narcotráfico, hay un hecho que se dio hace más de 50 años con una
característica especial (Informativo Región Caribe): “Los gobiernos de
Colombia y Nicaragua firmaron el 24 de marzo de 1928 el Tratado
Esguerra-Bárcenas en el cual el país suramericano reconocía a Nicaragua la
soberanía sobre la Costa de los Mosquitos y el país centroamericano reconocía
la soberanía de Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés, Providencia y
Santa Catalina… En 1972 los Estados Unidos renunciaron a sus pretensiones sobre
los Cayos Roncador, Serrana y Quitasueño, por lo cual Colombia ejerce soberanía
de los mismos como parte del Archipiélago”. Hay que tener en cuenta que
en 1928, el país de Ruben Darío y Quincho Barrilete se encontraba bajo una
ilegal invasión de Estados Unidos, y en 1972, aún el gobierno de Richard Nixon
creía tener derechos sobre el Archipiélago (que luego renunciaron a los mismos,
en tiempos de Watergate), luego nada sería de raro que Donald Trump echara
reversa en el asunto y quisiera un Groenlandia en pleno Mar Caribe. OJO. Por
lo anterior, nada de invasiones ilegales en ninguna parte del mundo.