Retomando los Retos
Literarios del presente año, el autor de la presente columna acaba de leer un
libro, que si bien, puede parecer indiferente porque los protagonistas del
presente son dos curtidos personajes del periodismo y la alta sociedad bogotana
(Enrique Santos Calderón y Daniel Samper Pizano), se trata de una charla
amena y agradable sobre como vivieron los acontecimientos en Colombia y el
mundo desde la década de los cincuentas hasta el año actual. Se llama
“Memorias Cruzadas”, que también contiene prólogo de Juan Esteban Constaín, y
una justificación bajo el título “Un Libro Necesario” a cargo de Gabriel
Iriarte Núñez. Es muy sencillo de leer, con un lenguaje coloquial, los apuntes
de los protagonistas con la suficiente cantidad de sátira y humor para hacer reír duro a quien lo lee, y
a su vez, hacerlo reflexionar sobre la historia convulsionada y polémica que ha
tenido Colombia a lo largo de los últimos setenta años; desde la dictadura de
Rojas Pinilla hasta el Desgobierno de la Etnia Cósmica bajo el Presidente de
Papel (Gustavo Petro) y el de Facto (Armando Benedetti). Así mismo, se rememora
la amistad que ambos protagonistas tuvieron con personajes de la talla de
Gabriel García Márquez, Luis Carlos Galán Sarmiento, Álvaro Cepeda Zamudio.
En un principio,
Samper y Santos rememoran sus tiempos de niñez y amistad cuando estuvieron en
el Gimnasio Moderno (el colegio más in de dicha época), pero luego a Enrique
Santos lo trasladaron al Colegio Nueva Granada, donde tuvo clases de todas las
materias, tanto en español como en inglés (ya se hablaba de la importancia del
bilingüismo). Mientras tanto, Samper siguió en el plantel educativo de la
carrera novena con calle 74 en Bogotá, donde en su secundaria escribió en el
Periódico de los Estudiantes (El Aguilucho), donde hacía notas de humor y vida
cotidiana. Después rememoran sus tiempos universitarios y el primer empleo en
el Diario de Calibán (El Tiempo); donde conocieron nada más y nada menos que a
Luis Carlos Galán, uno de los hombres más importantes de la política colombiana
(lástima que no fue Presidente), con quien hicieron un trío de trabajo hasta
que este último tuvo que salir del diario bogotano, porque se dedicó a la
actividad política. También evocan las mesas de trabajo y las polémicas que tuvieron
con sus Jefes (Enrique Santos Castillo y su hermano Hernando), así como con los
hermanos Caballero Calderón (Lucas alias Klim y Eduardo), hasta que estos dos
últimos salieron del matutino porque el presidente Alfonso López Michelsen se
molestó con unas columnas sobre “La Vía Alterna”, y los acogieron de inmediato
en la Casa Cano (El Espectador).
Otra parte consiste
en una de las más dolorosas que han vivido miles de colombianos: salir al
exilio por sus posiciones sobre la violencia y el narcotráfico que tuvieron su
punto máximo a finales de los ochentas y principios de los noventas, con los
magnicidios de diversos candidatos presidenciales (Luis Carlos Galán, Jaime
Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro). Ambos se dirigieron a Europa,
y se demoraron bastante tiempo en
regresar al país (con justa causa), lo que pasó con sus familias y como gracias
a las amistades que tenían, lograron en cierta forma sobrellevar el peso de un
exilio y del desarraigo. Así mismo, se rememora la forma en que se
desarrollaron los Diálogos de Paz y el Acuerdo que se logró del mismo entre la
antigua guerrilla de las Farc (bajo el mando de Rodrigo Londoño Jiménez alias
Timochenko) y el Estado Colombiano (en el gobierno de Juan Manuel Santos),
sobre todo un detalle no tan conocido: cuando ganó el NO en el Plebiscito
(aún considerado innecesario para la implementación del mismo) por la Paz, el
dos de octubre de 2016, gracias a la propaganda falsa y burda del uribismo,
Juan Manuel Santos (presidente en ese entonces y hermano menor de Enrique), en
un momento dado pensó en renunciar, pero su hermano mayor le aconsejó primero
tranquilizarse y luego empezar la renegociación, que tuvo final feliz con la
firma del Acuerdo de Paz (el de Verdad), el 24 de noviembre del mismo año, en
el Teatro Colón de Bogotá.
Finalmente, los
protagonistas de esta obra (Daniel Samper y Enrique Santos) hablan sobre un
gusto musical, que en otras épocas hubiese traído urticaria a la clase alta de
la Atenas Suramericana; el Vallenato, y como a través de este hicieron contacto
con Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Zamudio, Consuelo Araújo Noguera (La
Cacica). Ambos han sido muy partícipes en el Festival de la Leyenda Vallenata,
como jurados o como público; tuvieron que someterse al riguroso examen de
conocimientos sobre la música de “Francisco el Hombre” que hacía nada más y
nada menos, que Rafael Escalona, el máximo exponente de esta música colombiana.
Finalmente, hablan de su proyecto en común (Los Danieles), como ha sido el
trabajo con Daniel Coronell, Daniel Samper Ospina, Ana Bejarano y demás
integrantes de este trabajo, como ha sido sostener en la Revista “Cambio”. “Memorias
Cruzadas” es no solo para leer, también para escaparse un poco de la realidad
de un país como Colombia, al borde de un infarto.