miércoles, 11 de febrero de 2026

GORGONA SAN ANDRÉS EEUU

 

En estos días se sigue comentando la ilegal invasión militar de EEUU a Venezuela con el fin de capturar (con la ayuda de ciertos miembros del régimen chavista) a Nicolás Maduro y Cilia Flórez. Si bien es cierto que Maduro estaba en el poder de forma fraudulenta y que la corrupción es visible a todo el mundo; lo que no se debe admitir es la política de garrote de Donald Trump, al estilo de Joseph Stalin y/o Adolfo Hitler, donde los más pobres ni siquiera tienen derecho a respirar. Claro que el régimen chavista es un encarte para Colombia, que tiene permeada con su hampa toda la sociedad colombiana y su clase política; pero no se puede tener un conflicto al lado de los ríos Táchira y Orinoco, y mucho menos complicando la difícil situación de orden público en el Catatumbo y Arauca, y lo más importante, cuando hay tensiones entre Petro y Trump, así la reunión en la Casa Blanca del pasado tres de febrero haya medio calmado los ánimos. Pero como el narcotráfico es un de los eje principales de Mr. Trump (el Discriminador), se  ha dedicado a hacerle la vida imposible a los extranjeros más pobres en toda la Unión Americana, bajo un falso lema de que ocasionan problemas de inseguridad y desempleo, cuando la mayor potencia del mundo se hizo con base en la Inmigración en el Siglo XVIII.

 

Pero en Colombia existen voces de ultraderecha que aplauden esta barbaridad, que en su mayoría se encuentran en las siguientes campañas presidenciales: Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Vicky Dávila y Juan Carlos Pinzón, se necesita tener unos conceptos claros de que lo que ocurrió en Venezuela, podría pasar exactamente en Colombia, dejando al país más humillado de lo que quedó con la separación de Panamá (gracias a los delirios de Theodore Rooselvelt, expresidente gringo), y con una triste huella sobre la conciencia de todos los habitantes de Macondo. Habrán quienes dicen que es solo una imaginación, pero como con el Magnate de Mar-a-Lago, no se tiene un patrón de comportamiento definido y se encuentra en un Ego de Salvador del Mundo y el Gran Mesías (al igual que Uribe y Petro), y quiere renarcotizar las relaciones diplomáticas Colombia – EEUU, incluso con ciertas operaciones cercanas en aguas internacionales (destrucción de lanchas supuestamente al servicio de ilegales, con cientos de muertos), es mejor estar preparados para los problemas que pueden traer estas arbitrariedades de Donald y Compañía. No es cuestión de patrioterismo, es no apoyar las intromisiones absurdas, como la que hubo en Ecuador en 2008 para dar de baja a alias “Raúl Reyes”.

 

El ejemplo más emblemático de esta problemática es la costa pacífica, con las Islas de Malpelo y Gorgona, que son actualmente Parques Nacionales Naturales. En la columna “Cuidado con Gorgona” (22/11/2023), se lee el siguiente párrafo: La pasividad de este gobierno (gobiernillo) frente al tema es tan lamentable, que parecería negar la existencia de la Isla, ni pensar lo que podría pasar con la isla de Malpelo, también en el Océano Pacífico, en cuya costa colombiana, este Gobierno de la Potencia de la Vida, sacó un buen caudal de votos en las elecciones presidenciales del año pasado, pero que solo aplica la retórica de que saben de estos temas, pero que no aplican ni fu ni fa”. Basta con recordar que para la fecha en mención, ya estaba en la Casa de Nariño el Gobierno que esparciría el Virus de la Vida en la Etnia Cósmica, que se preocuparía a toda hora por el Medio Ambiente, el Desarrollo Sostenible y el Cambio Climático. ¿Qué ha pasado desde entonces? El asunto del Radar gringo en Gorgona sigue latente, y parece que no se hace eco de los Efectos Antiambientales que podría conllevar, y en Malpelo, tierra de ausencia estatal, siguen las operaciones de la milicia gringa.

 

En el Archipiélago de San Andrés, donde pueden haber reservas de petróleo (uno de los manjares favoritos de Trump), aunque la exploración no sería lo más rentable económica y técnicamente, se podría pensar también en ciertas operaciones gringas en la zona bajo la disculpa del narcotráfico, hay un hecho que se dio hace más de 50 años con una característica especial (Informativo Región Caribe): “Los gobiernos de Colombia y Nicaragua firmaron el 24 de marzo de 1928 el Tratado Esguerra-Bárcenas en el cual el país suramericano reconocía a Nicaragua la soberanía sobre la Costa de los Mosquitos y el país centroamericano reconocía la soberanía de Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina… En 1972 los Estados Unidos renunciaron a sus pretensiones sobre los Cayos Roncador, Serrana y Quitasueño, por lo cual Colombia ejerce soberanía de los mismos como parte del Archipiélago”. Hay que tener en cuenta que en 1928, el país de Ruben Darío y Quincho Barrilete se encontraba bajo una ilegal invasión de Estados Unidos, y en 1972, aún el gobierno de Richard Nixon creía tener derechos sobre el Archipiélago (que luego renunciaron a los mismos, en tiempos de Watergate), luego nada sería de raro que Donald Trump echara reversa en el asunto y quisiera un Groenlandia en pleno Mar Caribe. OJO. Por lo anterior, nada de invasiones ilegales en ninguna parte del mundo.

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