La conquista del
Espacio para fines positivos ha sido una de las grandes prioridades de la
humanidad a lo largo de su historia. Desde Copérnico y Galileo hasta Sputnik
I, se creía que este paso era imposible, por no decir una blasfemia contra
Dios, según el troglodismo que aún predomina en el planeta Tierra. En un
principio y por causa de la nefasta influencia religiosa, se creía que el
universo era plano y la tierra era su centro, pero se pudo comprobar que esa
teoría geocéntrica era pura paja de extremistas, quienes quisieron linchar a
Copérnico y Galileo, y que el sol (centro de la vía láctea) es solo una
estrella como las millones que abundan en el Universo Infinito, del cual aún
falta mucho por descubrir y debatir. Sputnik I en 1957, se dio inicio a la
conquista del espacio, aunque en ese entonces tuvo un enfoque militar, que
luego tuvo su punto álgido durante la guerra fría en los sesentas, pero que en
1967 con el inicio de las “Misiones Apolo”, se dio un el primer hito: la llegada
del hombre a la luna el 20 de julio de 1969 con “Apolo XI”, cuando en plena
superficie lunar, Neil Amstrong proclamaba “este es un pequeño paso para el
hombre, pero un gran salto para la humanidad”, le dio un punto de no
retorno a la búsqueda de ese Universo Infinito.
Luego llegaron la
era de los transbordadores en los 80´s, que contribuyeron durante más de 25
años a la Ingeniería Aeroespacial, con sus Memoriales Viajes a través de la
órbita; ni hablar del Voyager que aún sigue buscando señales de vida en ese
Universo Infinito y bello, con toda variedad de cuerpos celestes, cometas y
asteroides, que mediante un telescopio profesional se pueden apreciar
totalmente. Hoy en día, la mayoría de los países tienen, bien sea por
proyecto oficial o privado, un satélite orbitando alrededor de la tierra, no
solo con fines de comunicación, también de investigación científica, quien se
quede clavado en esta materia en la tierra, estará condenado a la ignorancia
eterna. Ya se pudo comprobar que el cielo no es la casa de los dioses
mitológicos, es un lugar donde todo brilla y se rinde ante los pies de ese ser
humano que se propone descubrirlo en todo sentido. Por lo anterior, es que
cuando se produce una misión espacial, es una noticia alentadora para la
humanidad, mientras sea para algo positivo, que contribuya a un mejor mundo
para las generaciones futuras.
Después de 54 años
de no acercarse a la luna (Apolo XVII en 1972), y tras la salida de los
transbordadores en la segunda década del presente siglo, se dio un paso para
que la humanidad trate de regresar a la luna mediante la misión “Artemis II”,
que salió a su aventura el pasado primero de abril desde Cabo Kennedy (Florida,
EEUU) y regresará a la tierra el próximo diez de abril. A la hora de escribir
la presente columna, la nave Orion (donde va la tripulación con destino al
satélite del planeta Tierra), ya se dispone a realizar el viaje orbital a su
alrededor, algo que hace unos diez años se considera impensable, hoy parece ser
una posibilidad cercana: dicen que en unos dos o tres años ya se podría
estar pensando en un nuevo alunizaje, de pronto con más tiempo de permanencia
en la luna, y hasta pensar en un proyecto de vida en la Luna (algo que suena
excelente). Ojalá Trumpilio no tome este tema tan importante como una
plataforma politiquera ni para obtener dineros más de los que tiene. Es
indispensable que todo el mundo esté pendiente y aportando a este tipo de
proyectos porque el espacio galáctico no se puede desperdiciar.
Algo que debe
llenar de orgullo a Colombia, es que en esta misión (tanto en Orion como aquí
abajo), hay dos colombianas contribuyendo con sus conocimientos: Diana Trujillo
(Directora de Vuelo en el Centro Espacial Johnson, Texas), y Liliana Villarreal
(Directora de Aterrizaje y Recuperación de la misión Artemis II). No son
ningunas pintadas en la pared, como lo afirman por ahí ciertos geniecitos
misóginos que son pagados por este Desgobierno de la Etnia Cósmica. Y algo
que no deja de ser menos importante (El Tiempo): “Desde el año 2022, Colombia
forma parte oficial de los 'Acuerdos Artemis', un tratado
internacional promovido por la Administración Nacional de Aeronáutica y
el Espacio (Nasa) que establece principios de cooperación para
una exploración pacífica, transparente y sostenible del espacio
profundo”. Por
lo menos, una noticia positiva en medio de todos los zafarranchos que arman
Petro y Benedetti, no solo con miras a las elecciones presidenciales (para
favorecer al tibio Iván Cepeda), así como el incremento de la violencia, y el
espectáculo de quinta categoría que está dando la mal autodenominada oposición
(Oposición bajo la batuta de Uribe y el escandaloso Abelardo). Hay que
seguir pendientes de Artemis II, porque de pronto para Artemis III pueden
brillar más mentes colombianas ahí.
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