Si bien el autor de
la presente columna no tuvo la oportunidad de conocer personalmente a Aura
Lucía Mera Becerra, su estilo de vida y su lucha contra las adicciones y las
imposiciones de una sociedad machista y troglodita, la hicieron una Líder no
solo Cultural, también Social y Femenina. No solo como periodista y
escritora, también como una de las mujeres más importantes del Valle del Cauca
(aunque nació en Bogotá), así como sus opiniones directas y sin pelos en la
lengua, la hicieron un referente para la opinión y la crítica, en sus columna
de “La Martina” en El País de Cali (desde 1964), así como en El Espectador
(desde 2008), y su legado más importante, “Testimonio de una Lucha contra el
Alcohol y las Drogas” (1995, con la asesoría de Patricia Lara Salive), mostraron
su carácter luchador, que la hicieron derrotar las adicciones al alcohol y las
drogas, en un proceso de muchos dolores, reflexiones y lecciones. No solo fue
Primera Dama en el Departamento del Valle, también Directora de la Organización
de los Juegos Panamericanos en Cali (1971), Directora del Museo de las
Telecomunicaciones de Telecom (1976), también estuvo en Proexport y el Círculo
de Lectores. Actualmente se desempeñaba como Miembro de la Junta Directiva del
Festival “Oiga, Mire y Lea” de Cali.
Criada en su
“Casablanca” de Cali, bajo la batuta de Anibal Mera y Aura Becerra (una de las
primeras periodistas y columnistas del país), siempre tuvo contacto con los
foros literarios y de opinión que se desarrollaban en la Sucursal del Cielo,
también junto con sus hermanas María Cristina y Margarita. Viajó a Europa en
1961 para realizar estudios en Literatura y Artes, regresó a Colombia para
contraer matrimonio con el Líder Político del Valle, Rodrigo Lloreda Caycedo.
Lo acompañó en su trabajo en la Gobernación del Valle entre 1966 y 1970,
haciendo una gran labor. Si bien el matrimonio terminó mal (Aura Lucía dice
que ya el alcohol la tenía atrapada y sin salida); varios años más tarde
tuvieron que luchar juntos (no como pareja) en el tratamiento contra el cáncer
que tuvo que luchar uno de sus hijos, Francisco José (ExMinistro de Educación)
a principios de los ochentas. Luego vivió un romance con el ExTorero
español Domingo Dominguín, viviendo buena parte de sus vidas en Quito
(Ecuador), en su hacienda Macondo, donde había unos perros llamados José
Arcadio y Aureliano, junto con la tortuga Úrsula. Sería el presentimiento de
que como Directora de Colcultura en 1982, le tocó preparar la condecoración en
Suecia de Gabriel García Márquez, como Premio Nobel de Literatura en 1982.
Volviendo a Domingo
Dominguín, quien también tenía problemas con el licor y debido a quebrantos de
salud, decidió de “forma valiente” irse a la otra vida en Guayaquil en octubre
de 1975, cuando no fue a una Corrida de Toros y se quedó en el hotel donde se
hospedaba con Aura Lucía. Ahí fue cuando a ella le tocó vivir una de las
experiencias más desagradables de su vida: Ecuador se encontraba en ese
entonces en una Dictadura (Operación Cóndor) y tanto militares como policías
hacían lo que se les venía en gana; unos policías con ganas de dinero, se la
llevaron detenida a una Estación el Puerto Ecuatoriano, la tuvieron encerrada y
le hicieron un escándalo en los medios de comunicación, aduciendo un falso
crimen que le habían imputado. Un empresario de los medios quiteños (Carlos
Mantilla) la logró sacar de ese montaje. Otra situación terrible que vivió fue
en Bogotá en la primera elección popular de Alcaldes en 1988, luego de que
apoyara la campaña de María Eugenia Rojas, se quedó cuidando la sede de la
misma, pero unos policías (bajo las órdenes de un coronel corrupto y vicioso),
quería hacerla desaparecer, pero fue rescatada de la Estación de Chapinero.
Sus enfrentamientos
con su familia a raíz de las adicciones al alcohol y a las drogas (originada
cuando su hijo Kiko presentó el libro sobre su tratamiento contra el cáncer,
Aura Lucía no pudo dejar de llorar y un “amigo” le dio un pase de polvito
blanco para que se calmara, sin saberse las consecuencias que le traería
después) fueron brutales, aislándose de todo. Pero una tía materna y su esposo
(alcohólico recuperado) quienes estaban en Miami, la pusieron en contacto con
un Grupo de Adictos Recuperados encabezados por el Padre Edward Linch, para
iniciar un proceso de recuperación de dos años que culminó feliz en la
fundación “Pide Ayuda” a finales de 1991, donde también trabajó como Terapista
varios años. Desde entonces retomó sus labores como Líder Cultural,
referente Literaria y de opinión con sus columnas, donde trataba todo tipo de
temas sin tapujos ni temores; fue testigo de la partida a otros mundos de sus
padres, la hermana mayor y varios de sus amigos. Definitivamente, con su
testimonio de vida y sus proceso de recuperación de su ser, Aura Lucía Mera
Becerra dejó una huella en toda Colombia.
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