miércoles, 22 de abril de 2026

ABUSO DE INDULTO

 

La llegada de Gustavo Francisco Petro Urrego a la Presidencia de Colombia, así como el Trayecto General de su Carrera Política, sin armas y en los debates, se ha dado gracias a un Proceso de Paz que se firmó en 1990 entre el Estado Colombiano (en cabeza del Presidente Virgilio Barco Vargas) y la antigua Guerrilla del M19 (en cabeza de Carlos Pizarro Leongomez), con un indulto a todos los delitos (en un Proyecto Legislativo cuyo ponente principal fue el Senador Álvaro Uribe Vélez). Y pese al asesinato de Pizarro cuando se disponía a participar en la contienda electoral del mismo año, el proceso siguió adelante, dando su primer resultado con los 700 mil votos que tuvo el Candidato Presidencial, Antonio Navarro Wolf en dicha campaña electoral (reemplazando al finado anteriormente mencionado). Luego, se dio la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución Nacional de la República de Colombia en 1991, que ha tenido la mayoría de sus efectos positivos, luego no se justificaría otra Asamblea de este rango, y mucho menos la razón que esbozan sus promotores (el mismo Petro y el Ministro del Interior o Presidente de Facto, Armando Benedetti), solo porque la democracia no permite abusos de indultos ni de amnistías. ¿Por qué tanto silencio del candidato oficialista, Iván Cepeda?

 

Frente a este proceso de paz, en el libro “De la Insurgencia a la Democracia” (2009), Otty Patiño y Vera Grabe, antiguos integrantes del desaparecido M19 y hoy en día, miembros de este Gobierno (actualmente sus líderes se encuentran perdidos en la Etnia Cósmica), describen con estas palabras dicho acontecimiento: «Fuimos la primera organización insurgente que descubrió que la paz podía ser un elemento transformador porque, durante los últimos 50 años, la violencia en Colombia se había ligado con el poder y se ejercía para mantenerlo, conseguirlo o ejercerlo. La clase dirigente colombiana supo que mantener esa violencia podía ser la mejor manera de impedir las transformaciones sociales y políticas que necesitaba el país. En ese contexto, el M-19 se da cuenta de que la paz es una gran posibilidad para abrirles espacio a esos cambios». Todo esto suena muy bonito y que este proceso, al igual que el que se lleva a cabo actualmente con la antigua guerrilla de las Farc (el Acuerdo de Verdad), deben seguir su curso y seguir cosechando resultados democráticos; pero, el gobierno actual (de antiguos integrantes del grupo insurgente del robo a la espada de Bolivar, el secuestro y muerte de José Raquel Mercado, la toma de la Embajada Dominicana, y la catástrofe en el Palacio de Justicia), creen que si no les obedecen sus absurdas órdenes, deberán empuñarse de nuevo las armas.

 

Cuando Gustavo Petro fue destituido de la Alcaldía Mayor de Bogotá a finales de 2013, emprendió una perorata para que lo reestableciesen en el Palacio Liévano, de lo contrario, habría un estallido violento y el correspondiente saboteo a los Diálogos de Paz que recién comenzaban en La Habana (Cuba), entre el Estado Colombiano (bajo el mando de Juan Manuel Santos y Humberto de la Calle, como cabeza principal de esta delegación, y la antigua guerrilla de las Farc, con Iván Márquez, su cabeza principal y hoy un decrépito disidente – traidor). Las cosas se dieron para que Gustavo Francisco continuase en la Alcaldía, pero que le siguiese haciendo el feo al trabajo que se venía desarrollando en territorio cubano; incluso, no le hizo campaña al “Sí a la Paz”, para el Plebiscito del dos de octubre de 2016, más allá de si era o no necesario este mecanismo democrático, quedó demostrado el carácter no pacifista del político oriundo de Ciénaga de Oro (Córdoba). Pero lo que se vendría desde el siete de agosto de 2022, cuando el mismo señor llegó a la Casa de Nariño es muy lamentable; primero mandó traer a las malas a la Plaza de Bolivar en plena posesión presidencial, la espada de Bolívar.

 

Se ha propuesto disfrazar su adversidad a la Convivencia Ciudadana Tranquila en una mentira llamada “Paz Total”, a la cual los grupos ilegales no le copian, incluso se burlan de la misma, como quedó demostrado con alias Iván Mordisco y alias Calarcá, cabecillas de los bandidos del EMC y Segunda Marquetalia; eso sí, se debe aclarar que Iván Mordisco nunca se acogió al Acuerdo de Paz y alias Calarcá siguió órdenes de Iván Marquez (¿también de Nicolás Maduro y cía?), de regresar al mundo del hampa en 2019 (gobierno de Iván Duque, quien también está contra el Acuerdo de Paz). Y para colmo de males, el Desgobierno de la Etnia Cósmica los considera como unos simples “Gestores de Paz”, designación que sirve para ocultar la simpatía de unos antiguos integrantes del M19 por la Guerra (ya que al igual que el extremismo uribista, la consideran un negocio); y permanecen indiferentes (o medio contentos) con la espiral de violencia que está reinando en el país, y más ahora, en vísperas de elecciones presidenciales.

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